Solo Sé Que No Sé Nada
Dec 15, 2025"Solo sé que no sé nada" Sócrates
Mi madre tiene una frase que me repite desde hace años, mitad broma, mitad resignación cariñosa: "Sos una eterna estudiante".
Lo dice cuando me ve sumergida en un libro nuevo, cuando descubre que estoy tomando otro curso, cuando le cuento emocionada sobre algún concepto que acabo de descubrir y que me voló la cabeza. Lo dice con ese tono de las madres que ya dejaron de intentar entender y simplemente aceptan que así es su hija.
Y tiene razón. Soy una eterna estudiante. Lo soy con orgullo y con hambre.
Comparto estas reflexiones inspirada en uno de mis libros favoritos: Mente Zen, Mente de Principiante de Shunryu Suzuki. Cuando lo leí por primera vez, sentí que alguien había puesto palabras a algo que yo intuía pero no sabía nombrar. Me identifiqué profundamente con su visión de que la verdadera sabiduría no está en acumular respuestas, sino en mantener viva la capacidad de asombro. En sus páginas encontré permiso para ser eternamente principiante y, paradójicamente, también maestra. Para estar siempre aprendiendo y, al mismo tiempo, compartiendo lo que ya sé.
El hambre que no se sacia
Hay un tipo de hambre que no tiene que ver con el estómago. Es un hambre del alma, una sed de comprensión que me ha acompañado toda la vida. Quiero entender cómo funcionan las cosas. Quiero ir al fondo. Quiero saber por qué el cielo es azul, pero también por qué sufrimos, cómo sanamos, qué nos conecta, qué significa estar vivos.
Esta hambre me ha llevado por caminos que parecen no tener conexión entre sí: finanzas y Cábala, arquitectura y sueños, arte y cálculo, construcción y consciencia, números y numerología, galaxias y átomos, estrategia empresarial y arquetipos del alma. Para algunos, esto puede parecer dispersión. Para mí, es la misma búsqueda mirando desde diferentes ventanas y entender que todo está conectado entre sí.
Porque he descubierto algo: cuanto más aprendo, más descubro lo infinito que es el territorio por explorar. Cada puerta que abro revela un pasillo con cien puertas más. Cada respuesta trae consigo diez preguntas nuevas. Y lejos de frustrarme, esto me maravilla.
"A la mente del principiante se le presentan muchas posibilidades; a la del experto, pocas." Shunryu Suzuki
Esa frase me persigue. Me recuerda que el día que crea saberlo todo, habré cerrado las puertas de la percepción. Que la verdadera maestría no está en acumular certezas, sino en mantener viva esa capacidad de asombro, esa apertura fresca que ve cada momento como si fuera el primero.
Somos infinitos. El conocimiento es infinito. La vida es infinita en su profundidad y complejidad. Moriremos aprendiendo, y eso no es una tragedia. Es un privilegio.
La trampa del "todavía no estoy listo"
Pero aquí viene la sombra de este don.
Cuando amas aprender, cuando siempre hay un libro más por leer, un curso más por tomar, un certificado más a obtener, una perspectiva más por integrar... es muy fácil caer en la trampa de creer que nunca estás listo.
"Necesito estudiar más antes de enseñar esto."
"Debería tomar otra certificación antes de ofrecer este servicio."
"¿Quién soy yo para hablar de esto si todavía me falta tanto por aprender?"
El síndrome del impostor no siempre se presenta como inseguridad evidente. A veces se disfraza de humildad. A veces se esconde detrás de la "preparación". A veces usa la máscara del perfeccionismo.
"El que piensa que es un buen padre no es un buen padre." Shunryu Suzuki
En el momento en que crees haber llegado, has dejado de caminar. Pero lo inverso también es cierto: en el momento en que crees que nunca llegarás, también has dejado de caminar.
Durante años, esta voz me susurró que debía esperar. Que no estaba lista. Que necesitaba una pieza más del rompecabezas antes de poder compartir lo que ya tenía. Y mientras esperaba a estar "lista", el tiempo pasaba y las personas que podría haber ayudado seguían buscando respuestas.
La carga se acomoda en el camino
Un día entendí algo que cambió todo: nadie está nunca completamente listo.
Los padres no están listos cuando nace su primer hijo. Los emprendedores no están listos cuando lanzan su primera empresa. Los maestros no están listos cuando dan su primera clase. La vida no espera a que estemos listos. La vida nos invita a comenzar y a irnos haciendo listos en el camino.
Hay un dicho que se volvió mi mantra: "La carga se acomoda en el camino".
Cuando empiezas a caminar con tu fardo, aunque se sienta torpe e incómodo al principio, el movimiento mismo va encontrando el equilibrio. El peso se redistribuye. Tu cuerpo se adapta. Lo que parecía imposible de cargar se vuelve manejable, no porque la carga haya cambiado, sino porque tú has cambiado al cargarla.
Pero esto solo sucede si empiezas a caminar.
Si te quedas paralizado, en pausa, esperando a que la carga se sienta ligera antes de dar el primer paso, esperarás para siempre.
"Mojarse en la niebla es muy difícil de secar." Shunryu Suzuki
El progreso genuino es casi imperceptible mientras ocurre. No esperes transformaciones dramáticas. Los cambios más duraderos suceden gota a gota, día a día, paso a paso. Pero hay que estar caminando para mojarse.
Hecho es mejor que perfecto
Aprendí a soltar la necesidad de que todo esté perfecto antes de mostrarlo al mundo. Aprendí que un trabajo terminado e imperfecto tiene más valor que una obra maestra que nunca sale del cajón.
"Debemos lograr la existencia perfecta por medio de la existencia imperfecta." Shunryu Suzuki
No hay otro material para trabajar que este momento imperfecto, este cuerpo limitado, esta mente confusa. La perfección no está en otro lugar; se encuentra aquí, escondida dentro de lo incompleto.
Esto no significa hacer las cosas mal o sin cuidado. Significa reconocer que la perfección es una ilusión, una zanahoria que siempre se aleja un paso más cuando creemos estar por alcanzarla.
El mundo no necesita mi perfección. Necesita mi autenticidad. Necesita lo que tengo para dar hoy, con las herramientas que tengo hoy, desde el lugar donde estoy hoy.
El don que enferma cuando no se entrega
Y aquí llegamos a la verdad más incómoda, la que me tomó años aceptar:
Tu don no te pertenece. Y si te lo quedas, te enferma.
Somos vasijas. Canales. Conductos de algo que viene de más allá de nosotros y que debe fluir a través de nosotros hacia el mundo. La luz que recibimos no es para almacenarla, es para transmitirla. El conocimiento que adquirimos no es para acumularlo, es para compartirlo. La sabiduría que destilamos de nuestras experiencias no es un tesoro privado, es un regalo que debe circular.
Piensa en el agua estancada. Cuando un río deja de fluir, cuando el agua se queda quieta sin entrada ni salida, ¿qué sucede? Se pudre. Se llena de algas. Se convierte en un pantano. Lo que era fuente de vida se transforma en caldo de enfermedad.
Lo mismo ocurre con nosotros.
Lo que no liberamos se estanca en nosotros y se convierte en un síntoma.
Esa ansiedad inexplicable. Esa sensación de vacío aunque tu vida esté "llena". Esa frustración crónica que no sabes de dónde viene. Ese agotamiento que no se cura con descanso. A veces, no siempre pero muchas veces, son señales de un don represado, de una luz que golpea las paredes internas buscando salida, de un río interior que se ha convertido en pantano.
He visto personas brillantes enfermarse de sus propios talentos no expresados. He visto creativos deprimirse por obras no creadas. He visto sanadores cargados de dolencias porque no canalizan hacia afuera lo que saben. He visto maestros ahogarse en conocimientos que no comparten.
Y me he visto a mí misma, en momentos de mi vida, acumulando y acumulando, estudiando y estudiando, llenándome de luz que no dejaba salir, preguntándome por qué me sentía tan pesada si estaba haciendo "todo bien".
Dar es no apegarse
"Dar es no apegarse. Dicho simplemente, no apegarse a nada es dar." Shunryu Suzuki
El verdadero dar no es solo transferir posesiones o conocimientos. Es soltar. Es abrir las compuertas. Es confiar en que lo que sale será reemplazado, en que la vasija que se vacía vuelve a llenarse, en que el río que fluye nunca se seca.
Cada vez que sueltas una enseñanza, estás dando. Cada vez que compartes una perspectiva, estás dando. Cada vez que ofreces tu presencia auténtica, estás dando. Y paradójicamente, cada vez que das así, recibes. No porque busques recibir, sino porque esa es la naturaleza del flujo: lo que sale crea espacio para lo que entra.
"Hay que olvidar día por día lo que se ha hecho." Shunryu Suzuki
No arrastres tus conocimientos como trofeos ni tus dones como posesiones. Cada día comienza vacío, fresco, disponible. Déjalos ir. Volverán transformados.
Cuando hacemos algo, debemos consumirnos por completo
Hay una imagen en la tradición zen que me atraviesa cada vez que la recuerdo:
"Cuando hacemos algo, debemos consumirnos por completo, como una hoguera bien encendida, sin dejar huellas de nosotros mismos." Shunryu Suzuki
La leña que se quema completamente no deja humo. La acción completa no deja residuos. El don entregado totalmente no deja remordimiento ni enfermedad.
Pero la leña que no se enciende, que se queda apilada en un rincón "para cuando llegue el momento adecuado", esa leña se pudre. Se llena de hongos. Se convierte en refugio de termitas. Lo que podría haber sido fuego y luz y calor para otros, se transforma en decadencia silenciosa.
¿Cuántos de nosotros somos leña apilada, esperando el momento perfecto para encendernos?
¿Cuántos dones se están pudriendo en el rincón de nuestras almas mientras esperamos estar "listos"?
Al arrancar la mala hierba le damos alimento a la planta
Quizás pienses: "Pero mis dones no están listos. Todavía tengo tanto por pulir, por perfeccionar, por entender."
Escucha esto:
"Al arrancar la mala hierba le damos alimento a la planta." — Shunryu Suzuki
Tus imperfecciones, tus dudas, tus errores, tus limitaciones actuales... no son obstáculos para tu don. Son el fertilizante. Cada vez que compartes algo imperfecto y aprendes de la experiencia, fortaleces tu práctica. Cada vez que te equivocas en público y te levantas, nutres tu maestría. Cada vez que ofreces lo que tienes aunque sientas que no es suficiente, creas espacio para que crezca algo más.
"La vida del maestro Zen es una sucesión continua de errores", nos recuerda la tradición. Shoshaku jushaku: equivocación tras equivocación. Esto no es fracaso, es el camino mismo.
Si esperas a no tener maleza para plantar tu jardín, nunca plantarás nada. La maleza es parte del proceso. Arráncala y úsala como abono. Sigue plantando.
La paradoja del eterno estudiante
Aquí está la paradoja que finalmente logré reconciliar:
Puedo ser una eterna estudiante Y una maestra al mismo tiempo.
Puedo reconocer todo lo que no sé Y compartir generosamente lo que sí sé.
Puedo mantener la humildad del principiante Y la confianza de quien ha caminado un trecho.
Puedo seguir aprendiendo toda la vida Y comenzar a enseñar ahora mismo.
No son opuestos. Son complementos. De hecho, los mejores maestros que he conocido son aquellos que nunca dejaron de ser estudiantes. Los que siguen maravillándose, cuestionando, explorando. Los que admiten sin vergüenza cuando no saben algo. Los que celebran cuando un alumno les enseña algo nuevo.
No compares tu proceso con el ajeno
Y hay otra trampa sutil, quizás la más dolorosa de todas: compararnos.
Miramos a los lados y vemos a otros que ya tienen la familia, la carrera consolidada, la casa ideal, el negocio próspero. Vemos sus logros y los comparamos con nuestro proceso interno, con nuestras luchas invisibles, con lo que aún no hemos manifestado. Y en esa comparación injusta, nos sentimos menos. Nos sentimos atrasados. Nos sentimos insuficientes.
Pero dime: ¿tiene sentido comparar al árbol de mango con la planta de hierbabuena?
Uno crece alto y tarda años en dar frutos. La otra se expande cerca de la tierra y ofrece su aroma en semanas. Ambos procesos completamente distintos. Ambos igualmente valiosos. Ambos perfectos en su naturaleza.
El mango no mira a la hierbabuena con envidia porque ella ya está dando hojas aromáticas mientras él apenas desarrolla su tronco. La hierbabuena no se siente inferior porque nunca alcanzará la altura del mango. Cada uno sigue su código interno, su tiempo sagrado, su propósito único.
El tiempo es la gran ilusión que nos ata y nos estanca.
Nos frustra porque medimos nuestro proceso con el reloj del otro. Porque creemos que a cierta edad "deberíamos" tener ciertas cosas. Porque la sociedad nos vendió una línea de tiempo única y lineal para el éxito, cuando en realidad cada alma tiene su propia espiral de evolución.
Piensa en esto: un bebé elefante se gesta durante casi dos años. Un gatito, apenas dos meses. ¿Es la vida del elefante más valiosa porque tardó más en formarse? ¿Es la del gato menos importante porque llegó más rápido?
El elefante vivirá setenta años. El gato quizás quince. Y sin embargo, ambas vidas son completas en sí mismas. Ambas traen su luz al mundo. Ambas cumplen su propósito.
No es la duración lo que hace eterna una vida, sino los instantes en que comparte su luz.
Una mariposa vive apenas unas semanas, pero en ese breve tiempo poliniza flores, inspira asombro, completa su ciclo con total entrega. No se compara con el roble que vivirá siglos. No se lamenta por su brevedad. Simplemente es mariposa, completamente, mientras pueda serlo.
Cuando dejas de compararte, algo se libera dentro de ti. Ya no necesitas alcanzar a nadie. Ya no estás atrasada ni adelantada. Simplemente estás exactamente donde tu alma necesita estar, viviendo exactamente el proceso que tu evolución requiere.
No dejes de compartir tu luz porque sientas que es más pequeña que la de otro. La vela no deja de brillar porque existe el sol. El arroyo no deja de cantar porque existe el océano. Tu luz, exactamente como es hoy, es necesaria en el mundo.
Alguien ahí afuera necesita precisamente tu frecuencia, tu forma de decir las cosas, tu manera única de iluminar. No la luz del otro. La tuya. Tal como es. Ahora.
Lo que se retiene se pudre, lo que se comparte florece
Hay una ley espiritual que atraviesa todas las tradiciones: la energía debe fluir.
El dinero retenido por miedo se devalúa. El amor no expresado se amarga. El conocimiento acumulado sin compartir se vuelve peso muerto. El don escondido se convierte en sombra.
Tu don quiere volver al río. Quiere reunirse con el todo del que proviene. Quiere completar el circuito. Pero solo puede hacerlo a través de ti, a través de tu acción, a través de tu entrega.
Mientras lo retengas, sufrirá la separación. Y tú sufrirás con él.
Tu Invitación
Si estás leyendo esto y te reconoces en estas palabras... si también eres un eterno estudiante que a veces se esconde detrás de la preparación... si el síndrome del impostor te susurra que todavía no es tu momento... si sientes el peso de un don que no has dejado fluir... si te has comparado con el camino de otros y te has sentido insuficiente...
Te invito a considerar esto:
Lo que ya sabes es suficiente para empezar.
No para terminar. No para ser perfecto. No para tener todas las respuestas. Pero sí para dar el primer paso, para compartir tu primera enseñanza, para abrir las compuertas aunque sea una rendija.
Tu don no es tuyo. Es del mundo, y está pasando a través de ti.
Retenerlo no lo protege, lo asfixia. Guardarlo no lo perfecciona, lo pudre. El único lugar donde tu don puede madurar es en el encuentro con otros, en el intercambio, en el flujo.
La carga se acomodará en el camino.
Tu siguiente nivel de conocimiento llegará precisamente porque comenzaste a caminar. Las preguntas que aún no puedes responder serán el combustible para tu próxima etapa de aprendizaje. Los errores que cometas serán el abono para tu crecimiento.
Tu tiempo es tu tiempo. Tu proceso es tu proceso.
No estás atrasado. No estás compitiendo. Tu luz no es más pequeña ni más grande que la de otros. Es simplemente la tuya, y es exactamente lo que alguien necesita encontrar.
Mientras tanto, hay alguien ahí afuera que necesita exactamente lo que tú ya tienes. Alguien que está tres pasos detrás de ti en el camino y que se beneficiaría enormemente de tu mano extendida.
No le niegues esa ayuda esperando a ser perfecta.
No dejes que tu don se estanque y enferme.
No permitas que tu luz se convierta en sombra por no dejarla salir.
No te compares con el árbol de al lado cuando tú eres una flor perfecta en tu propia maceta.
El mundo no necesita tu perfección.
Necesita tu corazón, tu autenticidad, tu verdad imperfecta y hermosa.
Necesita que te consumas como una hoguera bien encendida, sin dejar humo, sin dejar residuos, dándolo todo.
Y eso, querido eterno estudiante, ya lo tienes.
Solo tienes que abrir las compuertas.
Con amor y en perpetuo aprendizaje,
Myriam V.
"Cuando practicamos el zazén, simplemente practicamos zazén. Cuando nos llega la iluminación, simplemente nos llega. No debemos apegarnos a su logro."
Shunryu Suzuki
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